miércoles, 19 de diciembre de 2007

Amor etéreo


     Imprescindible este texto para mi memoria. Imprescindible Oliverio Girondo para escaparse hacia el idioma roto y revivido, hacia los límites de las imperfecciones que arrastran la eternidad de una belleza más sincera. 
La señorita Mouthless y yo seguimos posando las nalgas entre los huecos de la estratosfera. Allá ríen mucho más y mejor.

 
(Mujer aire, de Ivonne Sánchez Barea)

 «No se me importa un pito que las mujeres tengan los     senos como magnolias o como pasas de higo; un cutis de durazno o de papel de lija. Le doy una importancia igual a cero, al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco o con un aliento insecticida. Soy perfectamente capaz de soportarles una nariz que sacaría el primer premio en una exposición de zanahorias; ¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible - no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar. Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme!
Ésta fue -y no otra- la razón de que me enamorase, tan locamente, de María Luisa. ¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos? ¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo y sus miradas de pronóstico reservado? ¡María Luisa era una verdadera pluma! Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina, volaba del comedor a la despensa. Volando me preparaba el baño, la camisa. Volando realizaba sus compras, sus quehaceres.
¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando, de algún paseo por los alrededores! Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado. "¡María Luisa! ¡María Luisa!"... y a los pocos segundos, ya me abrazaba con sus piernas de pluma, para llevarme, volando, a cualquier parte. 
Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia que nos aproximaba al paraíso; durante horas enteras nos anidábamos en una nube, como dos ángeles, y de repente, en tirabuzón, en hoja muerta, el aterrizaje forzoso de un espasmo. 
¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera..., aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas! ¡Que voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes... la de pasarse las noches de un solo vuelo! Después de conocer una mujer etérea, ¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre? ¿Verdad que no hay diferencia sustancial entre vivir con una vaca o con una mujer que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo? 
Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender la seducción de una mujer pedestre, y por más empeño que ponga en concebirlo, no me es posible ni tan siquiera imaginar que pueda hacerse el amor más que volando».

1, de Espantapájaros (al alcance de todos) 
(Oliverio Girondo)
  
     En la excelente película de Eliseo Subiela, El lado oscuro del corazón (1992), los versos de Girondo y otros poetas dan voz a la desesperada búsqueda hacia dentro que emprende el alma de un poeta. Una oportunidad cinematográfica que nos concede otra forma de experimentar la poesía y ahondar en el universo imaginario de las sensaciones visuales. Magnífico el trabajo de Darío Grandinetti:



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