Mostrando entradas con la etiqueta ensayos y discursos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ensayos y discursos. Mostrar todas las entradas

martes, 1 de marzo de 2022

El más disparatado pero leal emisario

        
       Cómo me gustaría vislumbrar por una mirilla las conversaciones que mantuvieron Ramón Gómez de la Serna y su gran amigo Oliverio Girondo, compañero en la Argentina durante el exilio del español. Poder asistir a toda clase de elucubraciones en sus horas de asueto, cuando la genialidad y el humor regalaría a las callecitas porteñas un espectáculo tremendamente apetecible. Dos símbolos de la vanguardia literaria reunidos en el tiempo y en el espacio. Ya impagable sería que también, asiduamente, se presentara Borges, figura que daría el toque circunspecto al momento. Un cuadro que no tendría competencia. 

Siempre he admirado la literatura que dignifica el absurdo como elemento primario de la introspección que va a desembocar en un surrealismo —transitable o no—empapado de pasiones y suciedades que despiertan en mí una querencia insobornable. De ahí que el dúo formado por Girondo y Gómez de la Serna me resulte tan esencial, aun conservando cada uno su particular estilo. Pero se acercan mucho, justo ahí en ese punto en que el ritmo narrativo nos eleva los pulmones en un arquetipo de la risa tan amable como voraz. Comunión con el lector siempre entre bambalinas. El humor como maná impetuoso de un desesperado acto de soledad. La magia del lenguaje recobra así una envoltura del miedo que nos sabe abrazar.
Me gusta mucho la vitalidad que rezuma esta misiva que hoy traigo y en la que se puede apreciar el amor hacia el vínculo que conecta dos orillas coetáneas en el fulgor de las vanguardias. Cada orilla con su frente, su idiosincrasia y su vigor contextual. Vínculo tan fraternal como intelectual.

La señorita Mouthless y yo escuchamos alertadas el regreso de la nada. Madrid cabecea, sueña, se pierde en la humareda de otro siglo en el que nos enamoró. 
Hay que buscar nuevas mirillas por las calles.
Y tropezar con otro lenguaje. 

Aránzazu.
~

     A continuación, transcribo el mensaje de Ramón Gómez de la Serna al periódico Martín Fierro, antes de viajar a Buenos Aires. Ramón canceló luego este viaje. Visitaría la Argentina por primera vez en 1931, antes de radicarse definitivamente aquí en 1936:

       «SALUTACIÓN 

       Siempre vivimos frente a un río de dos orillas. La de enfrente para toda nuestra vida, nuestro pensar y nuestro mirar es América. Figuraos si tendré ganas de llegar ahí cuando ha sido ése el paisaje que he estado contemplando a través de los años sentado en mi mesa, esperando la hora de tomar la barquita...
Lo que marcaba la perspectiva de lo que iba haciendo es lo que me escribían desde esa otra orilla. Así desde que se inició mi literatura tengo ahí unos amigos correspondientes en las mismas corazonadas y con los mismos atisbos, a los que ahora voy a abrazar. Yo que recorrí con algunos las viejas calles de Segovia y de Madrid voy a recorrer ahora las jóvenes calles de Buenos Aires cuyo arte y cuya luz están tan admirablemente radiadas por Jorge Luis Borges y después haré viajes en los trenes que van medio por el cielo, medio por la tierra, para sentirme en el palpitante tobogán que con tanta emoción ha descrito Güiraldes. 
Esa facilidad para la imagen que hay en los ojos funambúlicos de Girondo —100 revoluciones al segundo— y en los cuarenta grados de fiebre de Alberto Hidalgo, quiero exponerme yo a experimentarla andando también por el alambre de ese meridiano. Voy a comprobar en la Argentina el mundo de enfrente, donde se habla la palabra en que nacimos, con la misma claridad y con una esperanza que está más en su mediodía. No voy en tono profético ni revelador. Voy como adánico emisario que sólo ha aspirado siempre a devolver algo de su espontaneidad a una naturaleza que era eminentemente espontánea. 

Voy también a reunir dos emociones distantes. La de aquella inolvidable revista Don Quijote que tan vivaz gesto hizo a mi infancia en aquellos tomos encuadernados en fuerte piel de becerro por aquel pariente que había vivido mucho en la Argentina y la de este MARTIN FIERRO que, aunque ya se sabe que su Clavileño pace en las Vías Lácteas, tiene un sabor zumbón libre y desgarrado de buen descendiente argentino. 
Mis conferencias son las que me ha dictado mi tiempo y voy con ellas a dar mi visión particular del mundo. La menos oficial de las visiones, la más inacabada. No voy a revelar nada trascendental, pero voy a tener una actitud libre y heroica en mi arbitrariedad. Voy a mostrarme, en fin, tal como me conocéis y me suponéis. 
Soy en realidad el primer condiscípulo literario de esas juventudes y siento entusiasmado el milagro de que silenciosa y desinteresadamente se encuentren junto a mí los jóvenes que más protestan de todo y para los que será difícil encontrar un emisario español. 
En la velada literaria yo voy a recoger esa culminante alegría que hay en la cinta cinematográfica cuando el condiscípulo del colegio lejano se hospeda en casa del hijo de los próceres y el padre y la madre encuentran en tal huésped un parentesco que crea esa simpatía del adolescente en plena rebeldía para todo, menos para el condiscípulo predilecto. 

¡Mucha luz en el hall argentino para filmar ese acontecimiento por primera vez sincero y sin etiqueta, al margen de las academias y los profesores, en la vacación, en la más pura hora de asueto! 
Soy el menos oficial de los emisarios, soy quizás el más disparatado, pero soy de los más leales, sin que piense hacer campanuda mi voz al hablaros y mostraros mi sencilla prestidigitación. 
Cuando parece que hay que ir a visitaros con las grandes gafas de carey, yo voy a ir con mi risueño monóculo sin cristal, buscando la confianza del humorismo criollo, fraternizando en la misma fiesta de escepticismo y campechanía y recordando a mis compatriotas la eterna bohemia y el eterno sarcasmo español. Yo, que busco lo que de más humano, pintoresco y almado hay bajo los empaques, sé que he de encontrar el espíritu incrédulo en que más se redime el hombre y en cuyas bromas se liberta de las grotescas seriedades, seriedades indignas de los que han de pasar por el embrome de la muerte, que todo lo echa a barato y es pataleta verdadera de clown. 
Yo voy buscando eso que es la principal virtud del pueblo nuevo y original, su desobediencia a esa solemnidad ya del todo desprestigiada en la vieja Europa y que no debe ser entronizada en ningún sitio, porque no hay nada que haga más esclavo al hombre. 
Lo nuevo tiene que resplandecer en América donde no hay ningún viejo fanatismo que detenga la aurora esperada. Yo voy a augurar con vuestros augures ese nacimiento, a gritar esa epifanía, a festejar el preámbulo, a proclamar el respeto que merece el advenimiento que va a consagrarse en esa meridianidad en que se congrega de nuevo la rediamantina luz de la mañana griega para que se plasme un nuevo arte, ciñendo la túnica, más inconsútil y macerada que nunca del nuevo estilo, a la desnudez de la Venus nueva recién parida por los mares siempre nuevos».


(Fotografia tomada del archivo de Cielo Naranja*)


    
*En la fotografía podemos ver: 
De pie, de izquierda a derecha: Eduardo J. Bullrich, Jorge Luis Borges, Francisco Romero, Eduardo Mallea, Enrique Bullrich, Victoria Ocampo y Ramón Gómez de la Serna. 
Sentados, de izquierda a derecha: Pedro Henríquez Ureña, Norah Borges, Oliverio Girondo, María Rosa Oliver, Ernest Ansermer y Guillermo de Torre. 

martes, 16 de diciembre de 2014

¿Estás dispuesto a ser un héroe?



      La pasada Feria del Libro me trajo, al fin, la oportunidad de conseguir una edición especial de unos textos que llevaba buscando desde hacía bastante tiempo. Se trata de una edición a modo de facsímil conmemorativa del centenario de la publicación de Meditaciones del Quijote en 1914, obra de Ortega y Gasset, que salió por primera vez a imprenta en las publicaciones de la Residencia de Estudiantes.

Meditaciones del Quijote es un ensayo filosófico que Ortega dio a luz como preámbulo —inacabado finalmente— de su posterior y famosa teoría del Yo soy yo y mis circunstancias, aquella que exponía, por resumirlo de alguna manera, que se ha de llegar a la verdad a partir de la circunstancia subjetiva del individuo, que es la base del acto del Ser. En este breve discurso el filósofo trata de analizar la idea del héroe tomando como referencia la simbología idealista de Don Quijote. Esta noche he vuelto a pasear por algunos fragmentos —recogidos aquí en el blog— que, ya en su día, se me quedaron grabados en mi bien llamada memoria de la dignidad.

Porque, a propósito de Ortega, de El Quijote y de la concepción de la supervivencia, quizá sea en esa desesperación por la que transitan los distintos grados de locura donde resida la manera humana de luchar contra la desidia de la rutina tangible, así como contra el dolor y la costumbre. Es como una forma de resistir frente a la existencia: es poder llegar a la vida, y no al revés; poder atravesarla desde la certeza de sabernos creadores de nuestro propio sentido.
La trágica ilusión por cambiar los límites de nuestro alcance emocional podría ser el punto de partida para cualquier héroe anónimo que afronta la experiencia de vivir en su conciencia. Por eso siento que este tipo de heroicidad va unida irremediablemente al sufrimiento durante esa búsqueda constante de nuevos horizontes y ese deseo de alcanzar el mundo íntimo del sueño en el acto más cotidiano. Merece la pena el reto. Es pregunta. Y, por mi parte, también es afirmación.

La señorita Mouthless habita mi cerebro cortando hilos, restos, muescas, fronteras. Es su forma de erguir el eje que une la mente y el corazón.

Aránzazu.
~


    Fragmentos de Meditaciones del Quijote, de Ortega y Gasset (1914):

(Imagen: Clinging to Hope, de la artista Aimee Stewart)
        
      «Cuando hemos llegado hasta los barrios bajos del pesimismo y no hallamos nada en el universo que nos parezca una afirmación capaz de salvarnos, se vuelven los ojos hacia las menudas cosas del vivir cotidiano -como los moribundos recuerdan al punto de la muerte toda suerte de nimiedades que les acaecieron-. Vemos, entonces que no son las grandes cosas, los grandes placeres ni las grandes ambiciones que nos retienen sobre el haz de la vida, sino este minuto de bienestar junto a un hogar en invierno, esta grata sensación de una copa de licor que bebemos, aquella manera de pisar el suelo, cuando camina, de una moza gentil, que no amamos ni conocemos, tal ingeniosidad que el amigo ingenioso nos dice con su buena voz de costumbre. Me parece muy humano el suceso de quien, desesperado, fue a ahorcarse a un árbol, y cuando se echaba la cuerda al cuello, sintió el aroma de una rosa que abría al pie del tronco, y no se ahorcó. (...) 

Existen hombres decididos a no contentarse con la realidad. Aspiran los tales que las cosas lleven un curso distinto: se niegan a repetir los gestos que la costumbre, la tradición, y en resumen, los instintos biológicos les fuerzan a hacer. Estos hombres llamamos héroes. Porque ser héroe consiste en ser uno, uno mismo. Si nos resistimos a que la herencia, a que lo circunstante nos impongan unas acciones determinadas, es que buscamos asentar en nosotros, y sólo en nosotros, el origen de nuestros actos. Cuando el héroe quiere, no son los antepasados en él o los usos del presente quienes quieren, sino él mismo. Y este querer ser él mismo es la heroicidad. No creo que exista especie de originalidad más profunda que esta originalidad «práctica», activa del héroe. Su vida es una perpetua resistencia a lo habitual y consueto. Cada movimiento que hace ha necesitado primero vencer a la costumbre e inventar una nueva manera de gesto. Una vida así es un perenne dolor, un constante desgarrarse de aquella parte de sí mismo rendida al hábito, prisionera de la materia».

domingo, 26 de octubre de 2014

Vanguardias: frente a la impermeabilidad hipopotámica del «honorable público»


        
      Ya entonces, a comienzos del siglo XX, las vanguardias artísticas que trataban de romper los esquemas tradicionales se hacían eco en Buenos Aires, dando cuerpo y rotundidad a las corrientes surrealistas y dadaístas —entre otras— que, por otro lado, salían de Europa también. El Grupo Florida, a través de la revista Martin Fierro —cuyo manifiesto transcribo más abajo—, expresaba su acción y su mensaje en pos de una renovación transgresora que despojara del arte el hermetismo y de la cultura la estática de la época. Para así explorar el camino que abriera la puerta a una ansiada sensibilidad artística no adaptada a los cánones ni a las ataduras morales.
 
Grandes figuras literarias del momento circularon por las páginas de Martín Fierro y por los cafés de esa ciudad que albergó uno de los mejores momentos de la literatura universal. Es una época que, sin duda, me hubiera gustado conocer a través de una máquina del tiempo para poder vivir una serie de acontecimientos y contextos socioculturales que me fascinan. No solamente por la riqueza intelectual o la sinergia literaria que en aquellos momentos tuvo lugar, debida especialmente a la gran cantidad de personajes que cohabitaron en aquella burbuja cultural argentina y extranjera —Borges, Girondo, Gómez de la Serna, Macedonio Fernández, etc.—, sino también porque coincide con algunas de las décadas de oro del tango. 
 
La señorita Mouthless atesora un gesto rebelde en cada esquina. Lleva la imprecisión en el hambre. Y se descuelga de todos los relojes que han decidido expulsarla. 
Es tiempo de sugerir, arriesgar, emerger. Y de desangrarse.

Aránzazu.
~ 
 
      Manifiesto de Martín Fierro:

     «Frente a la impermeabilidad hipopotámica del "honorable público". Frente a la funeraria solemnidad del historiador y del catedrático que momifica cuanto toca. Frente al recetario que inspira las elucubraciones de otros más "bellos" espíritus, y a la afición al ANACRONISMO y al MIMETISMO que demuestran. Frente a la ridícula necesidad de fundamentar nuestro nacionalismo intelectual hinchando valores falsos que al primer pinchazo se desinflan como chanchitos. Frente a la incapacidad de contemplar la vida sin escalar las estanterías de las bibliotecas. Y sobre todo, frente al pavoroso temor de equivocarse que paraliza al mismo espíritu de la juventud, más anquilosada que cualquier burócrata jubilado:

"MARTÍN FIERRO" siente la necesidad imprescindible de definirse, de llamar a cuantos sean capaces de percibir que nos hallamos en presencia de una NUEVA sensibilidad y de una NUEVA comprensión, que el ponernos de acuerdo con nosotros mismos, nos descubre panoramas insospechados y nuevos medios y formas de expresión.

"MARTÍN FIERRO" acepta las consecuencias y las responsabilidades de localizarse, porque sabe que de ello depende su salud. Instruido de sus antecesores, de su anatomía, del ideario en que camina: consulta el barómetro, el calendario antes de salir a la calle, a vivirla con sus nervios y con su mentalidad de hoy.

"MARTÍN FIERRO" sabe que "todo es nuevo bajo el sol", si todo se mira con unas pupilas actuales, y se expresa con un acento contemporáneo.

"MARTÍN FIERRO" se encuentra, por eso, más agusto en un transatlántico moderno que en un palacio renacentista y sostiene que un buen Hispano-Suiza es una OBRA DE ARTE muchísimo más perfecta que una silla de mano de la época de Luis XV.

"MARTÍN FIERRO" ve una posibilidad arquitectónica en un baúl "Innovation", una lección de síntesis en un "marconigrama", una organización mental en una "rotativa", sin que esto le impida poseer -como las mejores familias-, un álbum de retratos, que hojea de vez en cuando para descubrirse al través de un antepasado... o reírse de su orgullo o de su corbata.

"MARTÍN FIERRO" cree en la importancia del aporte intelectual de América, previo tijeretazo a todo cordón umbilical. Acentuar y generalizar, a las demás manifestaciones intelectuales, el movimiento de independencia iniciado, en el idioma, por Rubén Darío, no significa, empero, que habremos de renunciar, ni mucho menos, finjamos desconocer que todas las mañanas nos servimos de un dentífrico sueco, de unas tohallas de Francia y de un jabón inglés.

"MARTÍN FIERRO" tiene fe en nuestra fonética, en nuestra visión, en nuestros modales, en nuestro oído, en nuestra capacidad digestiva y de asimilación.

"MARTÍN FIERRO", artista, se refriega los ojos a cada instante para arrancar las telarañas que tejen de continuo: el hábito y la costumbre. ¡Entregar a cada nuevo amor una nueva virginidad, y que los excesos de cada día sean distintos de los excesos de ayer y de mañana! ¡Ésta es para él la verdadera santidad del creador!... ¡Hay pocos santos!

"MARTÍN FIERRO" crítico, sabe que una locomotora no es comparable a una manzana y el hecho de que todo el mundo compare una locomotora a una manzana y algunos opten por la locomotora, otros por la manzana, rectifica para él la sospecha de que hay más negros de lo que se cree. Negro el que exclama ¡colosal! y cree haberlo dicho todo. Negro el que necesita encandilarse con lo coruscante y no está satisfecho si no lo encandila lo coruscante. Negro el que tiene las manos achatadas como platillos de balanza y lo sopesa todo y todo lo juzga por el peso. ¡Hay tantos negros!...

"MARTIN FIERRO" sólo aprecia a los negros y a los blancos que son realmente negros o blancos y no pretenden en lo más mínimo cambiar de color.

¿Simpatiza Ud. con "MARTIN FIERRO"?

¡Colabore Ud. en "MARTIN FIERRO"!

¡Suscríbase Ud. a "MARTIN FIERRO"!

------------
Manifiesto de Martín Fierro
(Editorial firmado por Oliverio Girondo, publicado en el N° 4 de la revista Martín Fierro, del 15 de Mayo de 1924) 

Martín Fierro (1924/27)
De Arte y Crítica Libre 

Director: Evar Méndez
Colaboradores: Mario Bravo, Fernando Fader, Oliverio Girondo, Pablo Rojas Paz, Conrado Nalé Roxlo, Alberto Prebisch, Raúl González Tuñón, Luis Cané, Ricardo Güiraldes, Jorge Luis Borges, Xul Solar, Norah Lange, Macedonio Fernández, Leopoldo Marechal, Raúl Scalabrini Ortiz, Jules Supervielle, Jacobo Fijman, Enrique González Tuñón, Bernardo Canal Feijoo, Ulises Petit de Murat…
Ideología de Vanguardia (Grupo Florida)
Publicada en Buenos Aires (45 números)