Cuando se habla de literatura, y del arte en general, se suele decir que el lector completa el mensaje del autor. Creo en ello. La razón es simple, y es que entramos en el terreno de la subjetividad y la sensibilidad del receptor: vemos y sentimos en función de nuestra memoria, nuestros traumas y nuestro imaginario.
Y por eso las connotaciones y derivadas de una obra en la percepción de una persona nunca van a ser exactamente iguales que en la de otra. Y es bonito comprenderlo así. Para que el arte sea verdaderamente libre, necesita recovecos por donde huir, más allá de la libertad propia de su creador. Necesita encontrar un lugar donde crecer y deshacerse de la contención propia del lenguaje. Y ese lugar somos nosotros, continuadores en la búsqueda de la magia.
Madrid compone su danza por el abismo de las ausencias.
Resiste en los ecos, en la eternidad de lo vivido en su imaginación.
Y nos crea.
Aránzazu
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| (Ex libris, de Aimee Stewart) |
Escuchemos ahora a Marc Vintró:
«Estás leyendo. Estás siguiendo con mirada concentrada los trazos que un día yo dejé impresos en una hoja. Tus ojos dibujan una baile medio inconsciente al perseguir todas las sinuosidades que mi pluma danzó en el pasado, dejando tras de sí un rastro de tinta negra. Tal y como un viajero en su canoa desciende por un río tortuoso, orientando su embarcación según los balanceos de las curvas de la corriente, tú, con esa hábil armonía entre los ojos y la mente, persigues el arabesco que yo tracé aquí, y así te enroscas en la enramada que yo hice crecer de la oscuridad. Ahora compartes conmigo mis pensamientos, sigues mis pasos y mis movimientos con un esfuerzo espontáneo. Y aunque nunca podrás contemplar como fluyó la tinta, extendiendo su oscuridad sobre la blancura que, con cada trazo, medio creaba el baile que estás compartiendo conmigo; sí podrás imitar su movimiento, hacer tuyo su serpenteo como haces ahora, y de este modo, conmigo, construir y aprender algo que, si bien hasta ahora yacía dormido, a partir de este momento, si bailamos juntos, nunca dejará de crecer. Estás leyendo; estás danzando; estás creciendo. Éste es el mensaje de la Naturaleza.»
La comunicación
(Marc Vintró)

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